
La maceta colgante aporta zonas verdes a los balcones estrechos sin ocupar suelo. Pero si se elige mal, el riego se convierte en un problema y además surge un riesgo de seguridad.
El peso de una maceta colgante vacía es engañoso. Una vez regada, el peso resultante es de aproximadamente el doble del volumen de tierra: una maceta colgante de 6 litros puede llegar a 7–8 kg al regarla. Elija el punto de sujeción (taco, hierro forjado, gancho de techo) en consecuencia; no la cuelgue directamente de un techo de pladur.
Hay dos tipos. Las macetas colgantes de macramé cuelgan con un sistema de cuerda o asa y tienen un gran efecto decorativo: las series Zafiro Macramé y Gota Macramé pertenecen a este grupo. Los modelos de autosujeción, en cambio, se asientan en la barandilla y no se balancean con el viento; la serie Regordeta es de este tipo.
La maceta colgante recibe aire por todos lados, por eso se seca más rápido que una maceta en el suelo. En verano hay que comprobarla cada dos días. Los modelos con platillo inferior evitan el goteo; en los modelos sin platillo, lo más limpio es regar bajando la maceta.
En balcones expuestos al viento, las plantas de hojas anchas hacen efecto vela; prefiera especies de hojas estrechas y ramas flexibles.
La maceta colgante queda por encima del nivel de los ojos, así que su color llama más la atención que el de las macetas del suelo. Busque contraste con el color de la pared y, si va a usar varias macetas colgantes a la misma altura, escalone los niveles. Puede consultar todos los modelos colgantes con sus tablas de medidas.